



Este proyecto conceptual de diseño de packaging desarrollado a partir de la reinterpretación de códigos visuales de marca aplicados a un contexto no convencional.
El desafío consistió en imaginar una línea de lubricantes automotrices para Nescafé Gold, trasladando su identidad premium hacia el universo mecánico e industrial.
La propuesta toma como eje conceptual la idea de inercia e impulso, entendiendo el arranque del motor como una analogía del comienzo del día. A partir de este concepto se desarrolló una morfología dinámica, fluida y ergonómica, con superficies en tensión y estrías inspiradas en el movimiento rotacional de las muelas cónicas de un molinillo de café.
El envase fue diseñado respetando condicionantes funcionales reales de un lubricante automotriz: ergonomía de agarre, pico vertedor, área de etiquetado y estabilidad estructural. En paralelo, se desarrolló un sistema gráfico completo compuesto por identidad frontal, etiqueta técnica trasera y estudio de adaptación marcaria.
Morfología
La morfología del envase fue desarrollada a partir del concepto de inercia e impulso, tomando como punto de partida el momento de activación del motor y su relación simbólica con el inicio del día. La intención fue traducir esa transición entre reposo y movimiento en un objeto con tensión visual, dirección y fluidez formal.





La silueta general del envase presenta una inclinación sutil hacia adelante, generando una percepción constante de avance incluso en estado estático. Esta decisión busca reforzar visualmente la idea de arranque, aceleración y desplazamiento, evitando una geometría completamente vertical o rígida típica de los bidones convencionales.

Las superficies fueron trabajadas mediante una serie de pliegues y estrías helicoidales que recorren el cuerpo del envase de forma continua. Estas líneas nacen inspiradas en la geometría interna de las muelas cónicas de los molinillos de café, reinterpretando sus patrones rotacionales como recursos de dinamismo superficial. Más allá de su origen conceptual, estas estrías permiten dirigir la lectura visual del objeto y acompañar el flujo general de la forma.

A nivel estructural, el envase combina superficies blandas y transiciones suaves con sectores más tensos y definidos, buscando equilibrar ergonomía y carácter técnico. Los bordes redondeados y el tratamiento continuo de las curvas aportan una percepción más amable y contemporánea, alejándose de una estética excesivamente agresiva o mecánica.
“Queriamos que el diseño combinara ergonomía y tensión formal mediante curvas suaves, un pico integrado al recorrido general de la pieza y un mango secundario incorporado al volumen sin interrumpir
la lectura del objeto.”
Resultado

